¿Es normal que un teléfono móvil a los 2 años se considere viejo y casi no se puede usar?
¿Es normal que con la tecnología de la que disponemos actualmente los electrodomésticos duren mucho menos que antes?
¿Es normal que nos cueste más caro reparar cualquier aparato que comprarlo nuevo?
Muchas respuestas a estas preguntas las encontramos en el concepto de obsolescencia programada.
Pero ¿Qué es exactamente la obsolescencia programada? En el siguiente vídeo podemos ver cómo se inició la obsolescencia programada y alguna de las consecuencias que está teniendo en el presente.
La obsolescencia programada consiste entonces en la programación de la vida útil de los productos; es decir, desde su fabricación se establece que pasados ciertos años, ese producto va a dejar de funcionar.
La obsolescencia programada se inició para incentivar el consumo; no era rentable que una bombilla, como la que se mantiene encendida desde 1901 en el parque de bomberos de Livermore (California) dure indefinidamente, por lo tanto se decidió que si se quería incentivar la compra, los productos debían ser menos duraderos. Pero eso no ha sido suficiente, no solamente los productos duran menos porque se rompen sino que además las posibilidades de reparación son casi inexistente, porque normalmente, la reparación es más cara que comprar un nuevo producto, lo que lleva al consumidor a desechar el antiguo y comprar uno nuevo.
Además de la obsolescencia programada tecnológicamente, es decir, un determinado electrodoméstico dejará de funcionar aproximadamente a los 3, 5 o 10 años, podemos hablar también la obsolescencia en el uso, es decir, pasado determinado tiempo, ese producto no será útil porque o bien ha dejado de ser compatible con otros productos, por ejemplo, impresoras que ya no son compatibles con las actualizaciones de los sistemas operativos de los ordenadores, o teléfonos móviles cuyas actualizaciones de software hacen insuficiente la memoria interna y por tanto, deja de ser posible su uso.
Pero eso no es todo, también podemos hablar de la obsolescencia psicológica, especialmente palpable con los smartphones. Continuamente los fabricantes de teléfonos móviles añaden pequeñas funcionalidades o mejoras de diseño que debido a la publicidad y al modelo de consumo actual nos lleva a desechar nuestro antiguo teléfono, aún cuando cubre perfectamente nuestras necesidades.
¿Te puedes imaginar que consecuencias tiene esto?
En primer lugar podemos hablar de las consecuencias medioambientales. Según un informe de la European Environmental Bureau (EEB) se estima que alargando un año la vida a los aparatos electrónicos se podría reducir la emisión de cerca de 4 millones de toneladas de CO2 al año, una cifra que equivaldría a eliminar dos millones de coches de las carreteras europeas.
Especial impacto tiene la fabricación de teléfonos móviles debido a los metales que se utilizan en su fabricación y al poco tiempo de vida de los mismos. Según este mismo informe de la EEB, la fabricación de smartphones es el que produce mayor impacto de todos los productos analizados.
A todo esto hay que añadir el problema de los residuos que genera toda esta producción. Según un artículo publicado en El Mundo a raíz del estreno del documental "Comprar, tirar y comprar" (2010) de Cosima Dannoritzer, cada año, los países desarrollados producen hasta 50 millones de toneladas de residuos electrónicos como ordenadores, televisores, teléfonos móviles, electrodomésticos... Y, según el documental de investigación, el 75% de todos ellos desaparece del circuito oficial y una buena parte se exporta ilegalmente a África, China o India. Los datos oficiales de la Unión Europea señalan que dos terceras partes -el 66%- de los residuos electrónicos del continente no se reciclan adecuadamente en plantas homologadas. «Se calcula que el tráfico de residuos electrónicos mueve ya más dinero que el negocio de la droga», narra Dannoritzer en el documental.
Pero la obsolescencia programada tiene también un gran impacto social, el consumo del primer mundo trae graves consecuencias en los países del tercer mundo de donde se extraen muchos de los metales necesarios para la fabricación de los productos electrónicos. En este reportaje de Salvados, vemos la influencia en las minas de Coltan de África.
Y ¿Qué podemos hacer para reducir el impacto de la obsolescencia programada?
La Unión Europea está tomando distintas medidas para regular y evitar la obsolescencia programada. Así recientemente se ha aprobado una nueva normativa que obliga a los fabricantes de electrodomésticos a ofrecer piezas de recambio durante al menos 10 años después de su compra. Sin embargo, esta medida sigue teniendo el inconveniente de los altos costes de reparación debido al precio de las piezas y a la mano de obra.
Por otro lado, se ha dejado fuera los pequeños aparatos electrónicos como los smartphones, tablets e impresoras.
Pero mientras la normativa sigue evolucionando para paliar los efectos de la obsolescencia programada, existen diversas asociaciones que promueven un consumo responsable y la preservación del medio ambiente. Así la Fundación Feniss ha desarrollado el Sello ISSOP que "distingue a aquellas organizaciones y personas que se han comprometido de forma determinante con la excelencia en el ámbito de la sostenibilidad, del respeto al medio ambiente, y con las personas con el objetivo de promover un cambio hacia un nuevo paradigma basado en un modelo económico donde la economía del bien común sea el referente".
En su blog, la Fundación Feniss nos da unos consejos para luchar contra el efecto de la obsolescencia programada en casa o en la escuela:
- No tires, aprende y repara
- Practica un consumo responsable
- Compra artículos de segunda mano
- Reciclar, reciclar, reciclar
- Compartir esta información
Como consumidores podemos prolongar la vida útil de nuestros productos, reparándolos, dándoles un uso diferente, comprando y vendiendo de segunda mano, o utilizando los productos durante toda su vida útil sin desecharlos antes de tiempo.
Comparte con nosotros tus trucos de reparación o reciclaje y colaboremos entre todos a parar el consumo y producción insostenible para el planeta, porque este modelo no puede mantenerse mucho tiempo más tal y como se muestra en el documental "Comprar, tirar, comprar" (2010) que puedes ver aquí completo

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